La oncología de precisión está transformando la manera de comprender y tratar el cáncer. A partir del estudio de las características moleculares de un tumor, hoy es posible identificar determinadas alteraciones y seleccionar terapias dirigidas específicamente contra ellas. Sin embargo, estos avances científicos no están disponibles de la misma manera para todos los pacientes.
Esta desigualdad constituye el punto de partida del artículo Bioethical challenges in the implementation of targeted anti-tumor therapies in low-resource settings: a perspective from Latin America, publicado el 10 de agosto de 2026 en la revista Exploration of Targeted Anti-tumor Therapy.
El trabajo, desarrollado por el Dr. Alcides Chaux, investigador y docente de la Universidad Central del Paraguay (UCP), analiza los principales desafíos bioéticos que plantea la implementación de la oncología de precisión en América Latina, a partir de una revisión integrativa de la literatura científica publicada entre 2015 y 2025.
En esta entrevista, el investigador explica por qué la innovación médica puede convertirse también en una fuente de desigualdad, qué significa hablar de «toxicidad financiera» y «apartheid genómico», y por qué América Latina necesita producir conocimiento propio para participar plenamente en el futuro de la medicina de precisión.
La paradoja de la innovación
¿Qué lo llevó a investigar los desafíos bioéticos de la oncología de precisión en América Latina?
La oncología está atravesando una transformación extraordinaria. Durante décadas tratamos los tumores principalmente de acuerdo con el órgano donde aparecían. Hoy podemos estudiar las alteraciones moleculares de un cáncer y, en determinados casos, seleccionar medicamentos dirigidos específicamente contra esas alteraciones. Es lo que conocemos como oncología de precisión.
El problema es que esta revolución científica no está llegando a todos por igual.
En América Latina existe una distancia muy grande entre lo que la ciencia nos dice que podemos hacer y lo que nuestros sistemas de salud realmente pueden ofrecer. Podemos conocer que existe una terapia capaz de actuar sobre una determinada alteración molecular y, al mismo tiempo, tener un paciente que no puede acceder al estudio necesario para detectar esa alteración o al medicamento correspondiente.
Mi pregunta fue entonces fundamentalmente bioética: ¿qué significa hablar de progreso científico cuando sus beneficios solamente están disponibles para una parte de la población?
En el artículo habla de una «paradoja de la innovación». ¿En qué consiste?
Significa que una innovación creada para mejorar la supervivencia puede, paradójicamente, aumentar la desigualdad.
Imaginemos dos pacientes con tumores biológicamente similares. Para uno de ellos podemos realizar estudios moleculares avanzados, identificar la alteración que impulsa su cáncer y administrar una terapia dirigida. Para el otro, esa posibilidad simplemente no existe porque vive en otro país, depende de otro sistema sanitario o no puede pagar el diagnóstico y el tratamiento.
La diferencia en el resultado deja entonces de depender exclusivamente de la biología del tumor y comienza a depender de factores económicos y geográficos.
Ese es el dilema: tenemos una medicina cada vez más precisa desde el punto de vista biológico, pero esa precisión puede coexistir con una profunda imprecisión social en la distribución de sus beneficios.
Más que el precio de un medicamento
¿Cuáles son los principales problemas bioéticos que identifica en la región?
Identifiqué cuatro grandes dimensiones. La primera es el costo de la innovación. Tenemos medicamentos extraordinariamente sofisticados, pero algunos pueden superar los 100.000 dólares anuales por paciente. Cuando esos precios se trasladan a sistemas sanitarios con recursos limitados, aparece una pregunta inevitable: ¿cómo distribuimos justamente recursos que nunca son infinitos?
El segundo problema es la infraestructura. La medicina de precisión necesita laboratorios, patología molecular, secuenciación genética, bioinformática y personal especializado. No basta con que exista un medicamento si no tenemos capacidad para identificar qué paciente puede beneficiarse de él.
El tercero aparece en la investigación clínica, particularmente cuando participar en un ensayo puede convertirse en una de las pocas posibilidades de acceder a una terapia innovadora.
Finalmente está la judicialización: pacientes que recurren a los tribunales para conseguir medicamentos de alto costo que el sistema público no financia. Allí entran en tensión el derecho individual de una persona y la obligación del sistema sanitario de distribuir recursos de manera justa entre toda la población.
¿Entonces el problema no se reduce simplemente a que los medicamentos sean demasiado caros?
No. Y este es uno de los puntos centrales de la investigación.
Podríamos conseguir el medicamento y aun así no tener verdadera oncología de precisión. Antes de administrar muchas de estas terapias necesitamos saber qué alteraciones moleculares tiene el tumor. Para eso hacen falta laboratorios, estudios genéticos, secuenciación de nueva generación, bioinformática y sistemas adecuados para transportar y conservar las muestras.
Por eso existe una especie de doble desigualdad: algunos pacientes no pueden acceder al medicamento, pero otros ni siquiera pueden acceder al diagnóstico molecular que permitiría saber si existe un medicamento adecuado para su tumor.
En este contexto aparece también el concepto de «toxicidad financiera». ¿Qué significa?
Normalmente, cuando hablamos de toxicidad de un medicamento pensamos en sus efectos adversos físicos. Pero el tratamiento del cáncer también puede producir una toxicidad económica.
La toxicidad financiera ocurre cuando los costos asociados al tratamiento afectan gravemente la estabilidad económica del paciente y su familia. Puede significar gastar los ahorros, endeudarse, vender bienes, retrasar tratamientos o incluso abandonarlos.
La evidencia revisada muestra que este problema no es secundario. Cuando una persona reduce dosis, posterga controles o abandona una terapia porque no puede pagarla, el problema económico termina transformándose en un problema clínico.
Por eso sostengo que el precio de un tratamiento no puede analizarse únicamente como una cuestión comercial. Cuando determina quién puede tratarse y quién no, se convierte también en una cuestión bioética.
¿Quién está representado en el conocimiento genómico?
Otro de los temas que plantea es la necesidad de producir datos genómicos desde América Latina. ¿Por qué es importante?
Porque gran parte del conocimiento genómico mundial se ha construido estudiando poblaciones que no representan adecuadamente la diversidad genética de América Latina.
La literatura analizada muestra un predominio muy marcado de personas de ascendencia europea en las bases de conocimiento genómico. América Latina, en cambio, posee poblaciones altamente diversas y con diferentes combinaciones de ancestrías amerindia, europea y africana.
Si nuestros pacientes están insuficientemente representados en los estudios que generan el conocimiento, corremos el riesgo de aplicar información producida en otras poblaciones como si fuera automáticamente equivalente a nuestra realidad.
Por eso propongo avanzar hacia una soberanía genómica latinoamericana: desarrollar capacidad regional para estudiar nuestras poblaciones, construir nuestras propias bases de referencia y proteger nuestros datos genómicos, asegurando que el conocimiento generado se traduzca también en beneficios para nuestras sociedades.
No significa aislarnos de la ciencia internacional. Significa participar en ella como productores de conocimiento y no solamente como consumidores de conocimiento producido en otros lugares.
El artículo utiliza además una expresión particularmente fuerte: «apartheid genómico». ¿Qué quiere decir con ella?
Es deliberadamente una expresión de alerta.
En el artículo propongo el término «apartheid genómico» para describir el riesgo de consolidar un sistema en el cual el acceso a diagnóstico molecular, terapias dirigidas y participación en investigación genómica quede sistemáticamente estratificado según la capacidad económica y el lugar donde vive una persona.
No estoy diciendo que sea una categoría bioética previamente establecida. El artículo propone el concepto para poner nombre a una desigualdad estructural que sí está ampliamente documentada.
El escenario que debemos evitar es aquel en el que dos personas con la misma necesidad clínica tengan posibilidades radicalmente distintas de supervivencia simplemente porque una de ellas nació en un país rico o porque puede pagar medicina privada y la otra no.
La genómica debería disminuir desigualdades en salud, no crear una nueva capa de desigualdad sobre las que ya existen.
Cuando la investigación se convierte en una oportunidad terapéutica
¿Qué dilemas plantean los ensayos clínicos para los pacientes con cáncer?
Los ensayos clínicos son indispensables para desarrollar nuevos tratamientos y pueden representar una oportunidad terapéutica legítima. El problema aparece cuando participar en una investigación se convierte prácticamente en la única manera de obtener un medicamento que el paciente necesita pero no puede conseguir de otra forma.
En esas circunstancias debemos preguntarnos qué tan libre es realmente la decisión.
Un paciente con una enfermedad potencialmente mortal puede aceptar riesgos importantes porque percibe que no tiene otra alternativa. Además, los conceptos de genética y medicina de precisión son complejos y los documentos de consentimiento pueden resultar difíciles de comprender.
Existe también otra pregunta ética fundamental: ¿qué sucede cuando termina el ensayo?
Si un paciente respondió favorablemente al medicamento, pero después del estudio ya no puede acceder a él porque no está financiado en su país, tenemos un problema serio de justicia.
Por eso el acceso posterior al ensayo debería formar parte de la discusión ética desde antes de iniciar la investigación y no aparecer como un problema cuando el estudio ya terminó.
El dilema de la judicialización
¿Y qué ocurre cuando un paciente recurre a la Justicia para conseguir un medicamento?
Este es probablemente uno de los dilemas más difíciles porque existen argumentos éticos importantes en ambos lados.
Desde la perspectiva del paciente, resulta completamente comprensible recurrir a todas las herramientas disponibles para obtener un tratamiento potencialmente beneficioso. Estamos hablando de su vida.
Pero el sistema público debe tomar decisiones para miles o millones de personas con un presupuesto limitado. Si una orden judicial obliga a destinar una cantidad extraordinaria de recursos a un medicamento para una sola persona, esos recursos dejan de estar disponibles para otras intervenciones.
El problema no se resuelve culpando al paciente que reclama judicialmente. La judicialización es, en buena medida, un síntoma de que los mecanismos ordinarios de evaluación, priorización y acceso no están respondiendo adecuadamente.
La pregunta ética correcta no es simplemente «¿este paciente merece recibir el medicamento?», sino también «¿cómo construimos un sistema en el que las decisiones sean transparentes, basadas en evidencia y justas para todos?».
Hacia una «oncología de precisión frugal»
¿La respuesta sería que los sistemas públicos paguen todas las terapias de precisión disponibles?
No sería realista y tampoco necesariamente justo.
Ningún sistema sanitario dispone de recursos ilimitados, ni siquiera los países más ricos. La cuestión es cómo utilizar esos recursos para producir el mayor beneficio posible sin abandonar a las personas más vulnerables.
En el artículo propongo avanzar hacia lo que denomino oncología de precisión frugal. No significa ofrecer una medicina de menor calidad. Significa identificar las intervenciones de precisión que ofrecen mayor beneficio clínico en relación con su costo, fortalecer primero la capacidad diagnóstica que realmente necesitamos y negociar precios de una manera compatible con la capacidad económica de nuestros países.
América Latina también podría aumentar su poder de negociación si actuara regionalmente frente a determinados medicamentos y tecnologías, en lugar de negociar exclusivamente como mercados nacionales fragmentados.
La pregunta no debería ser cómo copiar exactamente el modelo de los países ricos, sino cómo construir una oncología de precisión científicamente rigurosa, económicamente sostenible y adaptada a nuestra realidad.
El papel de las universidades
¿Qué papel deberían tener las universidades latinoamericanas en este proceso?
Un papel fundamental.
Si América Latina quiere participar plenamente de la medicina de precisión, necesita producir ciencia propia. Necesitamos investigadores, patólogos, oncólogos, genetistas, bioinformáticos, especialistas en salud pública y bioeticistas capaces de trabajar juntos.
Las universidades deben formar esos recursos humanos, generar datos locales y estudiar preguntas que quizá nunca sean prioritarias para los grandes centros científicos internacionales, pero que son esenciales para nuestros pacientes.
También tienen una responsabilidad ética: formar profesionales capaces de comprender que innovación no significa solamente incorporar la tecnología más nueva. Innovar también significa encontrar maneras inteligentes, sostenibles y equitativas de hacer que el conocimiento científico beneficie a más personas.
Investigar desde Paraguay
¿Qué significa para la Universidad Central del Paraguay que una investigación con esta perspectiva se produzca desde Ciudad del Este?
Tiene un significado especial porque demuestra que los grandes debates de la ciencia contemporánea también pueden pensarse y producirse desde Paraguay.
El artículo está escrito desde una perspectiva latinoamericana y desde la experiencia de trabajar en un país con las mismas restricciones estructurales que analiza la investigación. Esa proximidad al problema permite formular preguntas que pueden pasar inadvertidas cuando la oncología de precisión se analiza exclusivamente desde sistemas sanitarios de altos ingresos.
Para la Universidad Central del Paraguay, representa también una oportunidad de contribuir a una discusión internacional desde nuestra propia realidad: no solamente preguntarnos cómo incorporar las tecnologías desarrolladas en otros países, sino qué tipo de medicina de precisión necesita América Latina y bajo qué principios éticos debería desarrollarse.
Hacer ciencia desde Paraguay no significa estudiar únicamente problemas paraguayos. También significa aportar una perspectiva paraguaya y latinoamericana a problemas científicos globales
Una medicina verdaderamente precisa también debe ser justa
Finalmente, ¿cuál es el mensaje principal que le gustaría transmitir al público?
Que el progreso científico no debería medirse solamente por lo que somos capaces de inventar, sino también por nuestra capacidad de hacer que sus beneficios lleguen a quienes los necesitan.
La oncología de precisión ofrece posibilidades que hace apenas unas décadas parecían inimaginables. Podemos conocer cada vez mejor la biología de un tumor y, en algunos casos, atacar específicamente las alteraciones que lo producen. Eso representa un avance extraordinario.
Pero una tecnología que existe y que un paciente no puede utilizar tiene un valor limitado para esa persona.
El desafío de América Latina no es rechazar la innovación. Es apropiarnos de ella, producir nuestro propio conocimiento y construir modelos que permitan utilizarla de manera responsable y sostenible.
En definitiva, la innovación científica debería reducir las desigualdades en salud, no profundizarlas. Una medicina verdaderamente precisa también debe ser una medicina justa.
El artículo «Bioethical challenges in the implementation of targeted anti-tumor therapies in low-resource settings: a perspective from Latin America», del Dr. Alcides Chaux, fue publicado el 10 de agosto de 2026 en la revista Exploration of Targeted Anti-tumor Therapy, vol. 7.
Se encuentra disponible en acceso abierto aquí.
(https://doi.org/10.37349/etat.2026.1002397)